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21 lecciones para el siglo XXI – Yuval Noah Harari

21 lecciones para el siglo XXI

Forjadores, tras haber resumido sus 2 libros anteriores, Sapiens y Homo Deus, hoy cerramos la trilog√≠a del autor Yuval Noah Harari con las frases que m√°s me han gustado de su √ļltimo libro “21 lecciones para el siglo XXI

Con una letra más grande y en negrita pondré el capítulo del libro en la que está esa frase, para que esté todo ordenado.

Introducción.

En un mundo inundado de información irrelevante, la claridad es poder.

Si el futuro de la humanidad se decide en nuestra ausencia, porque estamos demasiado ocupados dando de comer y vistiendo a nuestros hijos, ni ellos ni nosotros nos libraremos de las consecuencias.

Los algoritmos de macrodatos pueden crear dictaduras digitales en las que todo el poder est√© concentrado en las manos de una √©lite min√ļscula al tiempo que la mayor parte de la gente padezca no ya explotaci√≥n, sino algo much√≠simo peor: irrelevancia.

Los fil√≥sofos son personas muy pacientes, pero los ingenieros no lo son en la misma medida, y los inversores lo son a√ļn menos.

1. Decepción. El final de la historia se ha pospuesto.

Los humanos pensamos m√°s en relatos que en hechos, n√ļmeros o ecuaciones, y cuanto m√°s sencillo es el relato, mejor.

En 1938 a los humanos se les ofrec√≠an tres relatos globales entre los que elegir (fascismo, comunismo y capitalismo), en 1968 solo dos (comunismo y capitalismo) y en 1998 parec√≠a que se impon√≠a un √ļnico relato (capitalismo); en 2018 hemos bajado a cero.

En el pasado, los humanos aprendimos a controlar el mundo exterior a nosotros, pero ten√≠amos muy poco control sobre nuestro mundo interior. Sab√≠amos c√≥mo construir una presa y detener la corriente de un r√≠o, pero no c√≥mo conseguir que el cuerpo dejara de envejecer. Sab√≠amos dise√Īar un sistema de irrigaci√≥n, pero no ten√≠amos ni idea de c√≥mo dise√Īar un cerebro. Si los mosquitos nos zumbaban en los o√≠dos y perturbaban nuestro sue√Īo, sab√≠amos c√≥mo matarlos; pero si un pensamiento zumbaba en nuestra mente y nos manten√≠a despiertos de noche, la mayor√≠a no sab√≠amos c√≥mo acabar con √©l. Las revoluciones en la biotecnolog√≠a y la infotecnolog√≠a nos proporcionar√°n el control de nuestro mundo interior y nos permitir√°n proyectar y producir vida. Aprenderemos a dise√Īar cerebros, a alargar la vida y a acabar con pensamientos a nuestra discreci√≥n.
Nadie sabe cu√°les ser√°n las consecuencias.

presa de agua
Los humanos siempre han sido mucho m√°s duchos en inventar herramientas que en usarlas sabiamente. Es m√°s f√°cil  reconducir un r√≠o mediante la construcci√≥n de una presa que predecir las complejas consecuencias que ello tendr√° para el sistema ecol√≥gico de la regi√≥n. De modo parecido, ser√° m√°s f√°cil redirigir el flujo de nuestra mente que adivinar c√≥mo repercutir√° esto en nuestra psicolog√≠a individual o en nuestros sistemas sociales.

Las personas de a pie quizá no comprendan la inteligencia artificial ni la biotecnología, pero pueden percibir que el futuro no las tiene en cuenta.

En el siglo XX, las masas se rebelaron contra la explotación y trataron de convertir su papel vital en la economía en poder político. Ahora las masas temen la irrelevancia, y quieren usar frenéticamente el poder político que les resta antes de que sea demasiado tarde.

Quizá en el siglo XXI las revueltas populistas se organicen no contra una élite económica que explota a la gente, sino contra una élite económica que ya no la necesita.

Es mucho más difícil luchar contra la irrelevancia que contra la explotación.

La gente puede asestar al sistema un rabioso pu√Īetazo en el est√≥mago, pero, al no tener ning√ļn otro lugar al que ir, acabar√° por volver a √©l.

Durante las √ļltimas d√©cadas del siglo XX, cada generaci√≥n (ya fuera en Houston, Shangai, Estambul o S√£o Paulo) disfrut√≥ de una educaci√≥n mejor, una atenci√≥n sanitaria superior y unos ingresos m√°s cuantiosos que la que la precedi√≥. Sin embargo, en las d√©cadas que vienen, debido a una combinaci√≥n de disrupci√≥n tecnol√≥gica y colapso ecol√≥gico, la generaci√≥n m√°s joven podr√° sentirse afortunada si al menos consigue subsistir.

2. Trabajo. Cuando te hagas mayor, puede que no tengas un empleo.

Despu√©s de todo, lo que deber√≠amos proteger en √ļltimo t√©rmino es a los humanos, no los puestos de trabajo.

caballo tirando de un carro
Muchas personas no compartirían el destino de los conductores de carros del siglo XIX, que pasaron a conducir taxis, sino el de los caballos del siglo XIX, a los que se apartó poco a poco del mercado laboral hasta que desaparecieron de él por completo.

Hacia 2050 podr√≠a surgir una clase ¬ęin√ļtil¬Ľ debido no simplemente a una falta absoluta de trabajo o a una falta de educaci√≥n pertinente, sino tambi√©n a una resistencia mental insuficiente.

Muchos trabajos resultan fastidiosos y aburridos, y no vale la pena conservarlos. Nadie sue√Īa con convertirse en un cajero. En lo que tenemos que centrarnos es en satisfacer las necesidades b√°sicas de la gente y en proteger su nivel social y su autoestima.

Homo sapiens no está hecho para la satisfacción. La felicidad humana depende menos de condiciones objetivas que de nuestras propias expectativas.

Cuando las cosas mejoran, las expectativas aumentan, y en consecuencia incluso mejoras espectaculares en las condiciones pueden dejarnos tan insatisfechos como antes.

Si conseguimos combinar una red de seguridad econ√≥mica universal con comunidades fuertes y la b√ļsqueda de una vida plena, perder nuestros puestos de trabajo frente a los algoritmos podr√≠a ser en verdad una bendici√≥n.

3. Libertad. Los macrodatos est√°n observ√°ndote.

Los referéndums y las elecciones tienen siempre que ver con los sentimientos humanos, no con la racionalidad humana.

Cuando la revolución de la biotecnología se fusione con la revolución de la infotecnología, producirá algoritmos de macrodatos que supervisarán y comprenderán mis sentimientos mucho mejor que yo, y entonces la autoridad pasará probablemente de los humanos a los ordenadores.

La gente pide a Google que la gu√≠e cuando conduce. Cuando llega a una intersecci√≥n, su instinto puede decirle: ¬ęGira a la izquierda¬Ľ, pero Google Maps le dice: ¬ęGire a la derecha¬Ľ. Al principio hacen caso a su instinto, giran a la izquierda, quedan atascados en un embotellamiento de tr√°fico y no llegan a tiempo a una reuni√≥n importante. La pr√≥xima vez har√°n caso a Google, girar√°n a la derecha y llegar√°n a tiempo. Aprenden por experiencia a confiar en Google. Al cabo de uno o dos a√Īos, se basan a ciegas en lo que les dice Google Maps, y si el tel√©fono inteligente falla, se encuentran completamente perdidos

En la actualidad nos fiamos de Netflix para que nos recomiende películas y de Google Maps para elegir si giramos a la derecha o a la izquierda. Pero una vez que empecemos a contar con la IA para decidir qué estudiar, dónde trabajar y con quién casarnos, la vida humana dejará de ser un drama de toma de decisiones.

Para ocupar el lugar de los conductores humanos, los algoritmos no tienen que ser perfectos. Solo mejor que los humanos. Dado que los conductores humanos matan al a√Īo a m√°s de un mill√≥n de personas, no es pedir demasiado.

Hemos visto demasiadas películas de ciencia ficción sobre robots que se rebelan contra sus amos humanos, que corren descontrolados por las calles matando a todo el mundo. Pero el problema real con los robots es justo el contrario. Debemos temerlos porque probablemente obedecerán siempre a sus amos y nunca se rebelarán.

El problema real de los robots no es su propia inteligencia artificial, sino m√°s bien la estupidez y crueldad naturales de sus amos humanos.

En su forma actual, la democracia no sobrevivir√° a la fusi√≥n de la biotecnolog√≠a y la infotecnolog√≠a. O bien se reinventa a s√≠ misma con √©xito y de una forma radicalmente nueva, o bien los humanos acabar√°n viviendo en ¬ędictaduras digitales¬Ľ. Esto no implicar√° un retorno a la √©poca de Hitler y Stalin. Las dictaduras digitales ser√°n tan diferentes de la Alemania nazi como la Alemania nazi lo era de la Francia del ancien r√©gime.

La inteligencia es la capacidad de resolver problemas. La conciencia es la capacidad de sentir dolor, alegría, amor e ira.

Estamos investigando y desarrollando capacidades humanas sobre todo seg√ļn las necesidades inmediatas del sistema econ√≥mico y pol√≠tico, y no seg√ļn nuestras propias necesidades a largo plazo como seres conscientes.

Hemos criado vacas dóciles que producen cantidades enormes de leche, pero que en otros aspectos son muy inferiores a sus antepasados salvajes. Son menos ágiles, menos curiosas y menos habilidosas. Ahora estamos creando humanos mansos que generan cantidades enormes de datos y funcionan como chips muy eficientes en un enorme mecanismo de procesamiento de datos, pero estos datos-vacas en absoluto maximizan el potencial humano.

Si no somos prudentes, terminaremos con humanos degradados que usarán mal ordenadores mejorados y que provocarán el caos en sí mismos y en el mundo.

En el futuro, toda la riqueza y todo el poder podr√≠an estar concentrados en manos de una √©lite min√ļscula, mientras que la mayor√≠a de la gente sufrir√≠a no la explotaci√≥n, sino algo mucho peor: la irrelevancia.

4. Igualdad. Quienes poseen los datos poseen el futuro.

Aunque la globalización e internet salvan la distancia entre países, amenazan con agrandar la brecha entre clases, y cuando parece que la humanidad está a punto de conseguir la unificación global, la propia especie podría dividirse en diferentes castas biológicas.

Algunos grupos monopolizan de forma creciente los frutos de la globalizaci√≥n, al tiempo que miles de millones de personas se quedan atr√°s. Ya hoy en d√≠a, el 1 por ciento m√°s rico posee la mitad de las riquezas del mundo. Y lo que es a√ļn m√°s alarmante: las 100 personas m√°s ricas poseen m√°s en su conjunto que los 4.000 millones de personas m√°s pobres.

Las mejoras en biotecnología tal vez posibiliten que la desigualdad económica se traduzca en desigualdad biológica

Hacia 2100 los ricos podrían estar realmente más dotados, ser más creativos y más inteligentes que la gente que habita en los suburbios.

Es muy peligroso no ser necesario. As√≠ pues, el futuro de las masas depender√° de la buena voluntad de una peque√Īa √©lite. Quiz√° haya buena voluntad durante unas cuantas d√©cadas. Pero en una √©poca de crisis (como una cat√°strofe clim√°tica) resultar√° muy tentador y f√°cil echar por la borda a la gente no necesaria

La globalización unirá al mundo horizontalmente al borrar las fronteras nacionales, pero de manera simultánea dividirá a la humanidad verticalmente.

En el siglo XX, la civilizaci√≥n industrial depend√≠a de los ¬ęb√°rbaros¬Ľ para el trabajo barato, las materias primeras y los mercados. Por tanto, los conquist√≥ y absorbi√≥. Pero en el siglo XXI, una civilizaci√≥n postindustrial que se base en la IA, la bioingenier√≠a y la nanotecnolog√≠a podr√≠a ser mucho m√°s independiente y autosuficiente. No solo clases enteras, sino pa√≠ses y continentes enteros podr√≠an resultar irrelevantes. Fortificaciones custodiadas por drones y robots podr√≠an separar la zona autoproclamada civilizada, en la que los c√≠borgs lucharan entre s√≠ con bombas l√≥gicas, de las tierras b√°rbaras en que los humanos asilvestrados lucharan entre s√≠ con machetes y kal√°shnikovs.

Quiz√° uno de ¬ęnuestros¬Ľ mayores problemas sea que diferentes grupos humanos tengan futuros completamente distintos. Quiz√° en algunas partes del mundo se deba ense√Īar a los ni√Īos a dise√Īar programas inform√°ticos, mientras que en otros sea mejor ense√Īarles a desenfundar deprisa y a disparar de inmediato.

A largo plazo, al unir suficientes datos y suficiente poder de cómputo, los gigantes de los datos podrían acceder a los secretos más profundos de la vida, y después usar tal conocimiento no solo para elegir por nosotros o manipularnos, sino también para remodelar la vida orgánica y crear formas de vida inorgánicas

En la actualidad, a la gente le encanta revelar su bien más preciado (sus datos personales) a cambio de servicios gratuitos de correo electrónico y de divertidos vídeos de gatos. Es un poco como las tribus africanas y americanas nativas que sin darse cuenta vendieron países enteros a los imperialistas europeos a cambio de cuentas de colores y abalorios baratos.

5. Comunidad. Los humanos tenemos cuerpo.

La gente lleva vidas cada vez m√°s solitarias en un planeta cada vez m√°s conectado.

Durante el √ļltimo siglo, la tecnolog√≠a ha estado distanci√°ndonos de nuestro cuerpo. Hemos ido perdiendo nuestra capacidad de prestar atenci√≥n a lo que olemos y saboreamos. En lugar de ello, nos absorben nuestros tel√©fonos inteligentes y ordenadores. Estamos m√°s interesados en lo que ocurre en el ciberespacio que en lo que est√° pasando en la calle. Es m√°s f√°cil que nunca hablar con mi primo en Suiza, pero m√°s dif√≠cil hablar con mi marido durante el desayuno, porque est√° todo el rato pendiente de su tel√©fono inteligente en lugar de estarlo de m√≠.

Si sucede algo emocionante, el instinto visceral de los usuarios de Facebook es sacar sus tel√©fonos inteligentes, hacer una foto, publicarla en l√≠nea y esperar los ¬ęMe gusta¬Ľ. En el proceso, apenas se dan cuenta de lo que han sentido ellos. De hecho, lo que sienten est√° determinado cada vez m√°s por las reacciones en l√≠nea.

Los humanos han vivido millones de a√Īos sin religiones ni naciones; es probable que tambi√©n puedan vivir felices sin ellas en el siglo XXI. Pero no pueden vivir felices si est√°n desconectados de su cuerpo. Si uno no se siente c√≥modo en su cuerpo, nunca se sentir√° c√≥modo en el mundo.

6. Civilización. Solo existe una civilización en el mundo.

En la actualidad, casi todo el mundo cree, con variaciones un poco distintas, en el mismo tema capitalista, y todos somos piezas de una √ļnica l√≠nea de producci√≥n global. Ya vivamos en el Congo o en Mongolia, en Nueva Zelanda o en Bolivia, nuestras rutinas cotidianas y nuestras riquezas econ√≥micas dependen de las mismas teor√≠as econ√≥micas, las mismas compa√Ī√≠as y bancos y los mismos flujos de capital.

Cuando Estado Islámico conquistó gran parte de Siria e Irak, asesinó a decenas de miles de personas, demolió yacimientos arqueológicos, derribó estatuas y destruyó de manera sistemática los símbolos de los regímenes previos y de la influencia cultural occidental. Pero cuando los combatientes de Estado Islámico entraron en los bancos locales y encontraron allí montones de dólares estadounidenses con las caras de presidentes estadounidenses y con lemas en inglés que ensalzaban los ideales políticos y religiosos americanos, no quemaron estos símbolos del imperialismo estadounidense.

La gente tiene todavía diferentes religiones e identidades nacionales. Pero cuando se trata de asuntos prácticos (cómo construir un estado, una economía, un hospital o una bomba), casi todos pertenecemos a la misma civilización.

Cualesquiera que sean los cambios que nos aguardan en el futuro, es probable que impliquen una lucha fraterna en el seno de una √ļnica civilizaci√≥n en lugar de una confrontaci√≥n entre civilizaciones extra√Īas. Los grandes desaf√≠os del siglo XXI ser√°n de naturaleza global.

7. Nacionalismo. Los problemas globales necesitan respuestas globales.

Es un error peligroso imaginar que sin nacionalismo todos viviríamos en un paraíso liberal. Es más probable que viviéramos en un caos tribal.

En 2016, a pesar de las guerras en Siria, Ucrania y varios otros puntos calientes, morían menos personas debido a la violencia humana que a la obesidad, los accidentes de tráfico o el suicidio.

Durante miles de a√Īos, Homo sapiens se ha comportado como un asesino ecol√≥gico en serie; ahora est√° transform√°ndose en un asesino ecol√≥gico en masa.

Hay que agradecer al motor de combusti√≥n interna muchos de los avances de los √ļltimos 150 a√Īos, pero si hemos de mantener un ambiente f√≠sico y econ√≥mico estable habr√° que retirarlo ya y sustituirlo por nuevas tecnolog√≠as que no quemen combustibles f√≥siles.

Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales y aceptadas, se abrirá la veda del doctor Frankenstein.

Dentro de un siglo o dos, la combinación de la biotecnología y la IA podría resultar en características corporales, físicas y mentales que se liberen por completo del molde homínido.

Con el fin de tomar decisiones sensatas sobre el futuro de la vida necesitamos ir mucho más allá del punto de vista nacionalista y considerar las cosas desde una perspectiva global o incluso cósmica.

A medida que la crisis ecológica se intensifique, probablemente el desarrollo de tecnologías de elevado riesgo y de elevados beneficios no hará más que acelerarse.

Un enemigo com√ļn es el mejor catalizador para forjar una identidad com√ļn, y ahora la humanidad tiene al menos tres de esos enemigos: la guerra nuclear, el cambio clim√°tico y la disrupci√≥n tecnol√≥gica. Si a pesar de estas amenazas comunes los humanos deciden anteponer sus lealtades nacionales particulares a lo dem√°s, las consecuencias pueden ser mucho peores que en 1914 y 1939.

Una persona puede y debe ser leal simult√°neamente a su familia, sus vecinos, su profesi√≥n y su naci√≥n, ¬Ņpor qu√© no a√Īadir a la humanidad y el planeta Tierra a dicha lista?

Ahora tenemos una ecología global, una economía global y una ciencia global, pero todavía estamos empantanados en políticas solo nacionales.

Para que la pol√≠tica sea efectiva hemos de hacer una de dos cosas: desglobalizar la ecolog√≠a, la econom√≠a y la ciencia, o globalizar nuestra pol√≠tica. Ya que es imposible desglobalizar la ecolog√≠a y el progreso de la ciencia, y ya que el coste de desglobalizar la econom√≠a seguramente ser√≠a prohibitivo, la √ļnica soluci√≥n real es globalizar la pol√≠tica.

8. Religión. Dios sirve ahora a la nación.

Un sacerdote no es alguien que sabe cómo bailar la danza de la lluvia y acabar con la sequía. Un sacerdote es alguien que sabe cómo justificar por qué la danza de la lluvia no funcionó y por qué hemos de seguir creyendo en nuestro dios, aunque parezca sordo a nuestras plegarias.

El poder humano depende de la cooperación de las masas, la cooperación de las masas depende de fabricar identidades de las masas, y todas las identidades de las masas se basan en relatos de ficción, no en hechos científicos, ni siquiera en necesidades económicas.

En el siglo XXI las religiones no atraen la lluvia, no curan enfermedades, no fabrican bombas, pero s√≠ determinan qui√©nes somos ¬ęnosotros¬Ľ y qui√©nes son ¬ęellos¬Ľ, a qui√©n debemos curar y a qui√©n bombardear.

9. Inmigración. Algunas culturas podrían ser mejores que otras.

Decir que las personas negras suelen cometer crímenes porque tienen genes de calidad inferior no esta de moda; decir que suelen cometer crímenes porque provienen de culturas disfuncionales está muy de moda.

10. Terrorismo. No nos asustemos.

El terrorismo es el arma de un segmento marginal y débil de la humanidad.

Los terroristas son maestros en el control de las mentes. Matan a muy pocas personas, pero aun as√≠ consiguen aterrorizar a miles de millones y sacudir enormes estructuras pol√≠ticas como la Uni√≥n Europea o Estados Unidos. Desde el 11 de septiembre de 2001, los terroristas han matado anualmente a unas 50 personas en la Uni√≥n Europea y a unas 10 en Estados Unidos, a unas 7 en China y a hasta 25.000 en todo el mundo (la mayor√≠a en Irak, Afganist√°n, Pakist√°n Nigeria y Siria). En comparaci√≥n, los accidentes de tr√°fico matan anualmente a unos 80.000 europeos, a 40.000 norteamericanos, a 270.000 chinos y a 1,25 millones de personas en todo el mundo. La diabetes y los niveles elevados de az√ļcar matan al a√Īo a hasta 3,5 millones de personas, mientras que la contaminaci√≥n atmosf√©rica, a alrededor de 7 millones. As√≠, ¬Ņpor qu√© tememos m√°s al terrorismo que al az√ļcar, y por qu√© hay gobiernos que pierden elecciones debido a espor√°dicos ataques terroristas, pero no debido a la contaminaci√≥n atmosf√©rica cr√≥nica?

Los terroristas se parecen a una mosca que intenta destruir una cristaler√≠a. La mosca es tan d√©bil que ni siquiera es capaz de mover una simple taza de t√©. As√≠ pues, ¬Ņc√≥mo destruye una cristaler√≠a? Encuentra un toro, se introduce en su oreja y empieza a zumbar. El toro enloquece de miedo e ira, y destruye la cristaler√≠a.

Si queremos combatir de manera efectiva el terrorismo, hemos de ser conscientes de que nada que los terroristas hagan podr√° derrotarnos. Somos los √ļnicos que podemos derrotarnos, si reaccionamos de manera excesiva y equivocada a las provocaciones terroristas.

Un terrorista es como un jugador con una mano especialmente mala que intenta convencer a sus rivales para que vuelvan a repartir las cartas. No puede perder nada y sí ganarlo todo.

Los terroristas matan a 100 personas y hacen que 100 millones imaginen que hay un asesino acechando detr√°s de cada √°rbol.

11. Guerra. Jam√°s subestimemos la estupidez humana.

Mientras que en las primeras sociedades agrícolas la violencia de los humanos causaba hasta el 15 % de todas las muertes humanas, y en el siglo XX causó el 5 %, en la actualidad es responsable de solo el 1 %.

Hoy en día, los principales activos económicos consisten en el conocimiento técnico e institucional más que en los trigales, las minas de oro o incluso los campos petrolíferos, y el conocimiento no se conquista mediante la guerra.

La estupidez humana es una de las fuerzas m√°s importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto.

14. Laicismo. Acepta tu sombra.

Se requiere mucha valentía para luchar contra los prejuicios y los regímenes opresivos, pero todavía se necesita más para admitir que no sabemos y aventurarnos en lo desconocido.

A la hora de tomar las decisiones m√°s importantes en la historia de la vida, yo personalmente confiar√≠a m√°s en quienes admitan su ignorancia que en los que proclamen su infalibilidad. Si alguien quiere que su religi√≥n, su ideolog√≠a o su visi√≥n de la vida gu√≠en el mundo, la primera pregunta que le har√≠a ser√≠a: ¬ę¬ŅCu√°l es el mayor error que tu religi√≥n, tu ideolog√≠a o tu visi√≥n de la vida ha cometido? ¬ŅEn qu√© se equivocaron?¬Ľ. Si no es capaz de contestarme algo serio, yo, al menos, no confiar√≠a en √©l.

15. Ignorancia. Sabes menos de lo que crees.

De forma individual, los humanos saben vergonzosamente poco acerca del mundo, y a medida que la historia avanza, cada vez saben menos.
Creemos que en la actualidad sabemos muchísimo más, pero como individuos en realidad sabemos muchísimo menos.

La gente rara vez se es consciente de su ignorancia, porque se encierran en una sala insonorizada de amigos que albergan ideas parecidas y de noticias que se confirman a sí mismas, donde sus creencias se ven reforzadas sin cesar y en pocas ocasiones se cuestionan.

16. Justicia. Nuestro sentido de la justicia podría estar anticuado.

Los mayores cr√≠menes de la historia moderna fueron el resultado no solo del odio y la codicia, sino mucho m√°s de la ignorancia y la indiferencia. Encantadoras damas inglesas financiaron el tr√°fico de esclavos en el Atl√°ntico al comprar acciones y bonos en la Bolsa de Londres, sin haber puesto nunca un pie ni en √Āfrica ni en el Caribe. Despu√©s endulzaban su t√© de las cuatro con blancos terrones de az√ļcar producidos en plantaciones infernales, de las que ellas nada sab√≠an.

La amarga verdad es que el planeta se ha vuelto demasiado complicado para nuestro cerebro de cazadores-recolectores.

17. Posverdad. Algunas noticias falsas duran para siempre.

Carecemos de toda prueba emp√≠rica de que Eva fuera tentada por la Serpiente, de que las almas de los infieles ardan en el infierno despu√©s de morir o de que al creador del universo no le guste que un brahm√°n se case con una intocable; pero millones de personas han cre√≠do en estos relatos durante miles de a√Īos. Algunas noticias falsas duran para siempre.
Cuando mil personas creen durante un mes alg√ļn cuento inventado, esto es una noticia falsa. Cuando mil millones de personas lo creen durante mil a√Īos, es una religi√≥n, y se nos advierte que no lo llamemos ¬ęnoticia falsa¬Ľ para no herir los sentimientos de los fieles (o provocar su ira).

La creaci√≥n de marcas y de su valor suele implicar contar una y otra vez el mismo relato ficticio hasta que la gente se convence de que es la verdad. ¬ŅQu√© im√°genes le vienen a la mente al lector cuando piensa en Coca-Cola? ¬ŅLas de j√≥venes sanos que se dedican al deporte y que se lo pasan bien juntos? ¬ŅO las de pacientes con diabetes y sobrepeso tumbados en la cama de un hospital? Beber mucha Coca-Cola no nos har√° j√≥venes, no nos har√° sanos y no nos har√° atl√©ticos; m√°s bien, aumenta las probabilidades de padecer obesidad y diabetes. Pero durante d√©cadas, Coca-Cola ha invertido miles de millones de d√≥lares para que se la asociara a la juventud, a la salud y a los deportes…, y miles de millones de humanos creen de manera inconsciente en dicha relaci√≥n.

Las naciones y las religiones son clubes de f√ļtbol que han tomado esteroides.

Si queremos poder, en alg√ļn momento tendremos que difundir ficciones. Si queremos saber la verdad sobre el mundo, en alg√ļn punto tendremos que renunciar al poder.

Como especie, los humanos prefieren el poder a la verdad. Invertimos mucho m√°s tiempo y esfuerzo en intentar controlar el mundo que en intentar entenderlo, e incluso cuando tratamos de entenderlo, por lo general lo hacemos con la esperanza de que comprenderlo har√° m√°s f√°cil controlarlo.

El sufrimiento humano suele generarse por creer en la ficción, pero el propio sufrimiento sigue siendo real.

Si el lector quiere informaci√≥n fidedigna, pague un buen dinero por ella. Si el lector consigue las noticias gratis, podr√≠a muy bien ser √©l el producto. Suponga que un multimillonario sospechoso le ofreciera el siguiente acuerdo: ¬ęTe pagar√© 30 d√≥lares al mes y a cambio me permitir√°s que te lave el cerebro una hora al d√≠a, y que instale en tu mente todos los prejuicios pol√≠ticos y comerciales que quiera¬Ľ. ¬ŅAceptar√≠a el lector el trato? Pocas personas en su sano juicio lo har√≠an. De modo que el multimillonario sospechoso ofrece un acuerdo algo distinto: ¬ęMe permitir√°s que te lave el cerebro durante una hora al d√≠a, y a cambio no te cobrar√© nada por ese servicio¬Ľ. Ahora, de repente, el trato les parece tentador a cientos de millones de personas. No siga el lector su ejemplo.

El silencio no es neutralidad: es apoyar el statu quo.

18. Ciencia ficción. El futuro no es lo que vemos en las películas.

Siempre que el lector vea una película sobre una IA en la que la IA es una mujer y el científico es un hombre, probablemente se trate de un filme sobre feminismo y no sobre cibernética.

A la gente la asusta estar atrapada dentro de una caja, pero no se da cuenta de que ya est√° encerrada en el interior de una caja (su cerebro), que a su vez est√° encerrado dentro de una caja mayor: la sociedad humana con su infinidad de ficciones.

Lo cierto es que los humanos consiguieron el control del mundo no tanto por inventar cuchillos y matar mamuts como por manipular mentes humanas.

19. Educaci√≥n. El cambio es la √ļnica constante.

Los humanos nunca pudieron predecir el futuro con exactitud. Pero hoy es más difícil de lo que ha sido jamás, porque una vez que la tecnología nos permita modificar cuerpos, cerebros y mentes, ya no podremos estar seguros de nada, ni siquiera de aquello que parecía fijo y eterno.

Para estar a la altura del mundo de 2050, necesitaremos no solo inventar nuevas ideas y productos: sobre todo necesitaremos reinventarnos una y otra vez.

Si alguien nos describe el mundo de mediados del siglo XXI y parece ciencia ficción, probablemente sea falso. Pero si entonces alguien nos describe el mundo de mediados del siglo XXI y no parece ciencia ficción, entonces es falso con toda seguridad.

En el siglo XXI apenas podemos permitirnos la estabilidad. Si intentamos aferrarnos a alguna identidad, trabajo o visión del mundo estables, nos arriesgamos a quedar rezagados mientras el mundo pasa zumbando por nuestro lado.

escuela con ni√Īos
El mejor consejo que puedo dar a un chico o a una chica de 15 a√Īos atascados en una escuela anticuada en alg√ļn lugar de M√©xico, la India o Alabama es: no conf√≠es demasiado en los adultos.

En el pasado, seguir a los adultos era una apuesta segura, porque conocían el mundo muy bien y el mundo cambiaba muy despacio. Pero el siglo XXI va a ser diferente. Debido a la velocidad creciente del cambio, nunca puedes estar seguro de si lo que te dicen los adultos es sabiduría intemporal o prejuicio anticuado.

La tecnolog√≠a no es mala. Si sabes lo que quieres hacer en la vida, tal vez te ayude a obtenerlo. Pero si no lo sabes, a la tecnolog√≠a le ser√° facil√≠simo moldear tus objetivos por ti y tomar el control de tu vida. Sobre todo porque la tecnolog√≠a es cada vez m√°s sofisticada a la hora de entender a los humanos, por lo que puedes verte sirvi√©ndola cada vez m√°s, en lugar de que ella te sirva. ¬ŅHas visto a esos zombis que vagan por las calles con la cara pegada a sus tel√©fonos inteligentes? ¬ŅCrees que controlan la tecnolog√≠a, o que esta los controla a ellos?

Durante miles de a√Īos, fil√≥sofos y profetas han animado a la gente a que se conociera a s√≠ misma. Pero este consejo nunca fue m√°s urgente que en el siglo XXI, porque, a diferencia de lo que ocurr√≠a en la √©poca de Lao-Tse o de S√≥crates, ahora tienes una competencia seria. Coca-Cola, Amazon, Baidu y el gobierno se apresuran a piratearte, a hackearte. No a hackear tu tel√©fono inteligente, ni tu ordenador ni tu cuenta bancaria: est√°n inmersos en una carrera para hackearte a ti y a tu sistema operativo org√°nico. Quiz√° hayas o√≠do que vivimos en la √©poca de hackear ordenadores, pero eso apenas es una parte de la verdad. En realidad, vivimos en la √©poca de hackear a humanos.

20. Significado. La vida no es un relato.

En casi todos los casos, cuando la gente pregunta por el sentido de la vida, espera que se le cuente un relato.

Al igual que las estrellas de cine, a los humanos les gustan solo los guiones que les reservan un papel importante.

Cuando creemos un relato concreto, nos resulta interesantísimo conocer sus detalles más nimios, al tiempo que permanecemos ciegos a todo lo que queda fuera de su ámbito.

La gente que duda de que alg√ļn tipo de alma o esp√≠ritu sobreviva en realidad a su muerte se esfuerza por dejar atr√°s algo un poco m√°s tangible. Ese ¬ęalgo tangible¬Ľ puede tomar una de dos formas: cultural o biol√≥gica.

Si no logramos dejar nada tangible atr√°s, como un gen o un poema, ¬Ņno ser√° suficiente con que hagamos que el mundo sea un poco mejor? Podemos ayudar a alguien, y ese alguien ayudar√° a continuaci√≥n a alguna otra persona, y as√≠ contribuiremos a la mejora general del mundo y seremos un peque√Īo eslab√≥n en la gran cadena de la bondad.

A un anciano sabio se le pregunt√≥ qu√© hab√≠a aprendido acerca del sentido de la vida. ¬ęBueno -contest√≥-, he aprendido que estoy aqu√≠, en la Tierra, para ayudar a otras personas. Lo que todav√≠a no he entendido es por qu√© hay aqu√≠ otras personas.¬Ľ

Para cuando nuestro intelecto madura, hemos proyectado tanto en el relato que es mucho m√°s probable que usemos nuestro intelecto para racionalizarlo que para dudar de √©l. La mayor√≠a de la gente que se dedica a la b√ļsqueda de identidad es como los ni√Īos que van a la caza de tesoros: solo encuentra lo que sus padres han ocultado previamente para ella.

La mayoría de los relatos se mantienen cohesionados por el peso de su techo más que por la solidez de sus cimientos.

Si queremos conocer la verdad √ļltima de la vida, ritos y rituales son un obst√°culo enorme. Pero si estamos interesados (como Confucio) en la estabilidad y la armon√≠a sociales, la verdad suele ser una carga, mientras que ritos y rituales figuran entre nuestros mejores aliados.

A la mayoría de la gente no le gusta admitir que es tonta. En consecuencia, cuanto más se sacrifica por una determinada creencia, más se fortalece su fe.

Si por ¬ęlibre albedr√≠o¬Ľ entendemos la libertad para hacer lo que deseamos, entonces s√≠, los humanos tenemos libre albedr√≠o. Pero si por ¬ęlibre albedr√≠o¬Ľ entendemos la libertad para escoger qu√© desear…, entonces no, los humanos no tenemos libre albedr√≠o.

De la misma forma que el gobierno construye un mito nacional con banderas, iconos y desfiles, mi m√°quina de propaganda interna construye un mito personal con recuerdos estimados y traumas apreciados que suelen guardar muy poco parecido con la verdad.

La gente pregunta: ¬ę¬ŅQui√©n soy?¬Ľ, y espera que se le cuente un relato. Lo primero que hemos de saber de nosotros es que no somos un relato.

Cuando nos enfrentemos a alg√ļn gran relato y deseemos saber si es real o imaginario, una de las preguntas clave que habr√° que plantear es si el h√©roe central de la narraci√≥n puede sufrir.

21. Meditación. Simplemente, observemos.

Los antrop√≥logos y zo√≥logos pasaron a√Īos en islas remotas, expuestos a una pl√©tora de males y peligros. Los astronautas dedican muchos a√Īos a dif√≠ciles reg√≠menes de adiestramiento como preparaci√≥n para sus arriesgadas excursiones al espacio exterior. Si estamos dispuestos a hacer tales esfuerzos para entender culturas extra√Īas, especies desconocidas y planetas lejanos, valdr√≠a la pena trabajar con el mismo empe√Īo a fin de comprender nuestra propia mente. Y es mejor que comprendamos nuestra mente antes de que los algoritmos lo hagan por nosotros.


Espero que te haya gustado esta recopilación de frases y que alguna te haya hecho reflexionar.

También resumí su primer libro Sapiens y el segundo Homo Deus por si quieres seguir leyendo obras de Yuval.